En las últimas décadas las entidades destinadas al ahorro y el mismo servicio en las entidades financieras, han perdido terreno por múltiples factores, y la responsabilidad por ello compete a más de un actor social y económico. Pero antes de empezar a buscar responsables debemos comenzar por reconocer el principio de que el ahorro es básico para una economía. Una economía que crece pero que no logra captar ahorro es un gigante de pies de barro.
Desde PADEC tratamos y seguiremos tratando de lograr que la justicia repare esta situación, la perdida de la posibilidad del ahorro en las entidades bancarias. Sin embargo, es necesario que la sociedad tome consciencia (crear masa crítica) sobre la importancia de que se abra la posibilidad concreta de ahorrar en el sistema bancario y cómo podemos lograrlo trabajando juntos.
¿Y cuál es el paso a seguir para abrir esa posibilidad? La reducción del costo que implica ahorrar para los individuos. Es básico, no puede hacerse costoso aquello que se quiere potenciar, el costo es un obstáculo que no todas las economías domésticas pueden sortear con facilidad. Desde luego, otros elementos son gravitantes (la inflación, p.ej.) pero la reducción o la desaparición del costo es la primera que podemos activar.
Mucho se ha avanzado respecto de la desaparición de costos en materia de depósitos de ahorro: actualmente para los jubilados sus cuentas bancarias pasaron hace muy poco a ser gratuitas, gracias al esfuerzo de PADEC tenemos hoy una caja de ahorro básica (totalmente gratuita) que puede abrirse en Banco Galicia, el Banco Ciudad publicita un servicio similar por estos días, las transferencias entre cajas de ahorro son gratuitas hasta $10.000 diarios, y otros logros no menores. Es cierto que las normas no siempre se cumplen y que cada metro que se gana en pos del ahorro libre de costos es a expensas de un gran esfuerzo, no obstante hoy algo hemos avanzado.
Es imprescindible empezar a tener en cuenta algunos factores. El ahorro y la prestación del servicio de caja de ahorro no implican para las entidades financieras un costo. Mantener el sistema, principalmente informático, tiene un costo indistinto haya depósitos de ahorro o no, así haya un usuario o millones. No corresponde la pretensión de cobrar cargos adicionales de “mantenimiento de cuenta” o “gestión de cuenta”, puesto que no hay ninguna actividad o costo que se pueda cobrar o trasladar al usuario de ese tipo de cuentas. Hasta el día de la fecha ante los insistentes intentos judiciales de PADEC de que se explique qué servicios o costos se pretenden cobrar mediante los cargos adicionales en los depósitos de ahorro no hemos obtenido respuesta. Por la sencilla razón de que no la hay. Literalmente: ¡No les cuesta nada!
Es hora de que la sociedad argentina abandone la idea de que estamos obligados a garantizar ganancias extraordinarias a algunos sectores o sufriremos el castigo de la falta de inversión. Nuestro consumo es negocio suficiente.
¿Por qué se oponen, entonces, muchas voces del sistema bancario a que desaparezcan los costos de ahorro? Porque la desaparición del ahorro permite otros negocios millonarios que implican un mínimo esfuerzo. Ante la inexistencia de ahorros para solventar el consumo se necesita más crédito. Es común en nuestro país que muchos gastos habituales y domésticos se hagan financiando saldos de tarjeta de crédito, por ejemplo. No menos habitual que casi todo el ingreso de muchos hogares se destina a pagar esos resúmenes de cuenta.
Si aceptamos esta primera idea, surge otra pregunta. ¿Brindar un servicio gratuito no haría peligrar la actividad bancaria? ¿No obstaculizaría el desarrollo económico? Para responder a eso les proponemos un ejemplo muy simple. Supongamos que viene a instalarse un shopping a su barrio, y que ocupa una manzana como casi todos los grandes centros comerciales del país. ¿Es razonable creer que peligra el sostenimiento del shopping por exigirle instalar luminarias y construir las veredas? Muy probablemente el lector llegará a la conclusión de que no.
Las cajas de ahorro en las entidades bancarias constituyen una externalidad positiva (las luminarias y la vereda en el ejemplo del shopping). Es decir un servicio que se presta sin recibir inmediatamente remuneración por él pero que resulta de la misma actividad y costo que realizar otro por el que sí se perciben ingresos. Es un servicio que se cae o derrama, por así decirlo, de rebote.
La tan en boga RSE (responsabilidad social empresaria) no puede limitarse a una publicidad emotiva con fotos de gente que parece una comunidad. La responsabilidad social del sistema financiero empieza por su propia actividad. La aceptación de las cajas de ahorro como externalidad positiva y la prestación de este servicio libre de costos sería un maravilloso primer paso. Además permitiría abrir la puerta a nuevos escenarios en el cual dar otros servicios remunerados y avanzar hacia un verdadero desarrollo económico.
Por: Dr. Juan Ignacio Echaide
